NYDIA QUINTERO, UNA VIDA AL SERVICIO

Doña Nydia Quintero tiene un lugar en el corazón de cientos de colombianos que han sido testigos de su inagotable disposición de servicio a lo largo de su vida.

Hija de Jorge Quintero Céspedes y Adhalía Turbay Ayala, Doña Nydia nació en Neiva el 22 de octubre de 1931. Su infancia transcurrió en la capital huilense junto a sus padres, quienes le inculcaron un gran sentido de familia y el interés por contribuir a la causa social. Doña Nydia no duda en reconocer que fue en su propio hogar donde le sembraron su gran convicción: el de la importancia en la formación en valores. Esta ha sido su bandera, su lucha constante. Para ella, los valores son las raíces de donde germinan todas las demás acciones, cuyo carácter está inevitablemente ligado a la fortaleza con que estén arraigados.

Suele aducir este hecho de su crianza como el motivo que la llevó a crear la Fundación Solidaridad por Colombia, ya que recuerda como acompañaba a su madre a llevar ayuda cuando había inundaciones por la crecida de un río, a entregar mercados en los barrios pobres o a visitar a los enfermos para darles consuelo.

Estudió en el colegio de La Presentación de Neiva, con las Dominicas Terciarias de Funza, en el colegio de monjas El Rosario de Bogotá y después de la muerte de su padre recibió una beca para continuar estudios en el Liceo Nacional Femenino Antonia Santos.

Se casó con el entonces dirigente del Partido Liberal, Julio César Turbay Ayala, en la iglesia de Santa Teresita de Bogotá el primero de julio de 1948; de esta unión hubo cuatro hijos: Julio César, Diana Consuelo, Claudia y María Victoria.

Más de 30 años duró su matrimonio, ya que en 1983 se separó de Turbay Ayala, recibiendo en 1986 la anulación del matrimonio. Posteriormente se casó con el político liberal y entonces designado presidencial Gustavo Balcázar Monzón, en marzo de 1986.

NACE LA FUNDACIÓN SOLIDARIDAD

En 1975, tres años antes de convertirse en la Primera Dama de la Nación, creó la Fundación Solidaridad por Colombia, junto a su hija, la periodista Diana Turbay.

Al lado de su primer marido, quien a lo largo de su vida hizo una meritoria carrera política, tuvo la posibilidad de recorrer y conocer el país mientras lo acompañaba en sus labores públicas. De esta manera conoció la realidad y necesidades de tantos de sus conciudadanos, y donde vio problemas, vio también una oportunidad para aportar a su solución.

Turbay Ayala fue electo presidente para el período 1978-1982. Sobre su papel como primera dama ella opina: «Mi misión era acompañar al presidente, estar cerca de la gente, conocer sus problemas… Era consciente de que podía hacer muchas cosas, inventándomelas, porque no había ninguna directriz. La única actividad de la primera dama era presidir el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar«.

Ella logró, entre otras cosas, reformar la ley para que el ICBF pudiera ampliar la cobertura de atención a los menores hasta los 16 años ya que sólo se les atendía hasta los siete años; así mismo, trabajó para que se aprobara una ley para proteger los derechos del menor trabajador; logró también que se terminaran y pusieran en marcha trece grandes centros comunitarios próximos a los cerros de Bogotá, que se habían empezado a construir en el gobierno del presidente Pastrana.

Formalizando una visión que se venía ejecutando desde cuatro años atrás, el 31 de agosto de 1979 cristalizaría su más grande obra social, con la firma del acta de constitución de la Fundación Solidaridad por Colombia, creada para atender a damnificados de desastres naturales. Bajo la convicción de desarrollar ideales y principios de cooperación ciudadana y de trabajar especialmente por el bienestar de la niñez desamparada y los sectores menos favorecidos, esta entidad estableció una casa de puertas abiertas con programas y actividades encaminados a la consecución de sus finalidades y a la aspiración manifiesta de que cada miembro de la Fundación se constituya en un factor multiplicador para lograr que todos los colombianos se unan a este proyecto.

Uno de sus primeras presencias de la Fundación fue en la tragedia de Tumaco por el tsunami en 1979, donde Doña Nydia el primer día recuerda que estuvo recogiendo cadáveres en las calles. Pero en medio de la oscuridad, hay una historia de luz. Ella se trajo a Bogotá a un niño afrocolombiano a vivir en Palacio. Ese joven es Jhony Fernando Gómez, quien estudió hasta que terminó su carrera profesional y se fue a trabajar con la Gobernación de Nariño. En un viaje de doña Nydia a una entrega de auxilios en El Charco, Nariño, la recibió Jhony Fernando junto al Gobernador. Fue un reencuentro muy emotivo de madre e hijo. Hoy en día vive en Tumaco y a su hija le puso el nombre de su abuela: Nydia. Ella cuenta que este inquieto muchachito corría por toda la Casa de Nariño, muchas veces interrumpiendo reuniones en las que el Presidente Turbay decía: es el hijo de Nydia.

Luego, recorrió el país prestando auxilio en más de 170 municipios. “Yo me siento muy agradecida con Dios y con la gente que ha trabajado en la Fundación Solidaridad por Colombia de haber ayudado a tantas familias. Tengo la inmensa satisfacción de haber podido dar la mano a cientos de personas en momentos de mucha necesidad”.

Aunque dejó de ser la Primera Dama, su trabajo por el país no terminó con su paso por la Casa de Nariño. Su presencia en el país se mantuvo por el gran despliegue que alcanzó la Fundación a través de los diferentes programas, convirtiéndose quizás en primera dama de la nación más querida y recordada.

Desde el momento en que la Fundación fue creada, doña Nydia fue nombrada presidenta vitalicia por decisión unánime de la Asamblea General. Es ella quien lideró cada uno de los programas que desarrolla la Fundación en diferentes departamentos del país, el común denominador de estos es que buscan siempre formar y afianzar en valores.

En el año 2016, luego de trabajar de manera ininterrumpida durante 41 años, Doña Nydia cedió la Presidencia de la Fundación. “Hoy va a tomar posesión como presidente de la Fundación mi nieta, la doctora María Carolina Hoyos para que sea la encargada de continuar con este legado”, fueron algunas de sus palabras. Un momento emotivo protagonizado por una mujer sinigual.

 

CAMINAR ES SOLIDARIDAD

La historia de la tradicional Caminata de la Solidaridad nació el 12 de octubre de 1979, con un pequeño desfile que tenía como intención conseguir equipos de panadería para un instituto con personas con discapacidad y que se convirtió en la cita más importante para demostrar el sentido de solidaridad que aflora en los colombianos en los momentos difíciles y que este 2018 celebra la versión 40.

Esta primera versión se llamó Caminata de la Patria, un recorrido que Doña Nydia realizó junto a sus nietas en un camión dorado y tuvo tal acogida que decidieron hacerlo al siguiente año. La intención de doña Nydia era conseguir algunos equipos de panadería para una institución. Al año siguiente estuvo Mario Moreno Cantinflas y en 1981 contó con la presencia del elenco de El chavo del ocho: Roberto Gómez Bolaños, Rubén Aguirre, Horacio Gómez, María Antonieta de las Nieves, Florinda Meza, Edgar Vivar y Raúl Padilla. Más de tres millones de personas acompañaron el recorrido que duró cerca de 8 horas el 30 de agosto.

En un recorrido multitudinario y colorido, la Caminata de la Solidaridad se convirtió en la cita anual para demostrar el espíritu de solidaridad de millones de colombianos. Un encuentro de artistas, cantantes, deportistas, comparsas, carrozas, grupos folclóricos, actores, reinas, presentadores y, por gusto personal de Doña Nydia, en la inauguración no falta jamás una muestra del Sanjuanero, el baile, por excelencia, de la coquetería de su amado Huila.

En 1983 participó Menudo y en el siguiente la figura central fue Pelé. Este evento por primera y única vez se canceló en 1989 cuando asesinaron al precandidato presidencial Luis Carlos Galán, pocos días antes de la fecha programada. En lugar del desfile se realizó en la Catedral Primada una misa que se llamó PLEGARIA POR LA PAZ. En 1991, Doña Nydia, mostrando gran valentía y por su compromiso inmenso con la labor social, participó con un profundo dolor en el alma, en este año que fue asesinada su hija Diana Turbay.

Diana, su gran compañera en la vida, murió durante un fallido intento de rescate de su secuestro a manos de Pablo Escobar. Este fue un momento que marcó para siempre la vida de Doña Nydia que aún viste de negro en memoria de su hija. Pero fue también un momento decisivo para mostrar el tamaño de su fuerza interior, y su compromiso con la causa de todos aquellos colombianos y colombianas que necesitan de una mano. Continuó su trabajo en el sector social convencida que sólo a través de la solidaridad y la formación en valores se logra sanar las heridas de un país marcado por la inequidad social y de oportunidades.

Dentro de los millones de caminantes que la han acompañado en este recorrido, Doña Nydia recuerda con mucho cariño una historia particular. “Con la Fundación pudimos ayudarle a Alirio Luna Bonilla, de Bucaramanga, quien necesita con urgencia un marcapasos, y en una caminata venía un joven corriendo al lado de la carroza llamándome insistentemente. Hice detener la caravana para escucharlo y era Alirio Luna, quien me entregó una medallita en forma de corazón que decía: «POR TU CORAZÓN VIVE EL MÍO«.

 

UNA VIDA QUE TRASCENDIÓ

Doña Nydia, “mamá Nydia” como muchos de sus beneficiados la llaman, la mujer sencilla de corazón grande, la amante de la poesía, la dueña de 60 preseas, entre ellas la Gran Cruz de Boyacá y la Orden al Mérito Rafael García Herreros, es una persona que ha dedicado su vida al servicio social, su esencia hay que buscarla más allá de su persona.

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Una mujer sería, analítica, perseverante y con un sentido exacto de la organización, a través de su ejemplo ha sido una inspiración para muchas personas que han logrado salir adelante a pesar de los duros obstáculos que la vida les ha planteado.

La historia de doña Nydia en efecto tiene muchas caras, pero entre todas ellas construyen una única imagen, la de la gratitud de miles de personas cuyas vidas se han visto afectadas positivamente por sus actos. Una historia más grande que la de la misma Fundación Solidaridad por Colombia.

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